Alofoke pide perdón y nadie le cree / Foto: NTI Radio IA
Caracas._ ¡Albricias! El cielo se ha abierto y de él ha descendido, no un ángel, sino Santiago Matías, mejor conocido como Alofoke, para concedernos el milagro de su perdón.
Bueno, técnicamente vino a pedirlo, pero con esa actitud de «perdonanza» que solo un empresario viendo cómo se le desploma el engagement y se le cierran las puertas de Univision puede proyectar.
Univisión cancela el proyecto con Alofoke por el problema con los venezolanos
Qué conmovedor resultó ver al hombre que hace apenas unos días se jactaba de tener «relojes, carros y pan» —un despliegue de altura intelectual digno de un premio Nobel— sentado en el set de Marko.
Allí, entre luces y cámaras, Alofoke decidió que los venezolanos ya no somos «muertos de hambre», sino «pueblos hermanos». ¡Vaya giro de guion! Ni en las mejores telenovelas de la época de oro de RCTV se vio una transformación tan repentina.
Dice el señor Matías que «abrió los IP» para Venezuela. Gracias, de verdad. Qué generosidad la suya permitirnos volver a consumir su contenido de altura, ese que tanto nos hace falta para alcanzar la iluminación espiritual.

Lo que no mencionó en su discurso de hermandad es que, casualmente, esta epifanía le llegó justo cuando la cadena Univision le dio un portazo en la nariz, recordándole que en el mundo real, el de los contratos y las corporaciones, burlarse de la tragedia humanitaria de un país entero no es «marketing», es un suicidio comercial.
Alofoke, no nos vendas gato por liebre. Tu disculpa no fue un acto de contrición, fue un ejercicio de contabilidad.
Los números no mienten: la diáspora venezolana es el motor de consumo digital en Miami y gran parte de Latinoamérica.
Ofender al «Arepa Power» sale caro, y tú, que te dices tan hábil para los negocios, parece que olvidaste calcular el costo de la soberbia.
Desde esta tribuna, lo decimos claro: NO ACEPTAMOS TU DISCULPA. No porque seamos rencorosos, sino porque tenemos memoria.
La hermandad no se pregona cuando te cancelan un programa; se practica no usando el hambre de un niño como remate de un chiste para ganar likes.
El perdón de Alofoke tiene el mismo peso que sus argumentos: es puro ruido, mucha edición y nada de contenido real.
Sigue con tus relojes y tus carros, Santiago. Nosotros nos quedamos con nuestra dignidad, nuestro Clásico Mundial y, por supuesto, con nuestro pan. Ese que, a diferencia de tu credibilidad, todavía tiene buen sabor.