Editorial: Argentina fue una vergüenza al final del partidoLeandro Paredes se volvió loco / Foto: NTI Radio

La selección de Argentina debería ser sancionada

NUEVA JERSEY.– El fútbol, en su esencia más pura, es un deporte de caballeros que se juega con el corazón, pero que se rige por la dignidad.

Cuando se alcanza la cumbre de una final del mundo, se espera que quienes visten las camisetas más gloriosas del planeta estén a la altura de la cita, no solo con el balón en los pies, sino con la templanza en el espíritu.

España derrota a Argentina y es la campeona del mundo

Lo vivido tras el pitazo final en el Estadio de Nueva York Nueva Jersey, sin embargo, desnudó la peor versión de una selección argentina que demostró no saber perder, confirmando un patrón de conducta que empaña su indudable talento sobre el césped.

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España le hizo el pasillo a Argentina

El contraste fue ensordecedor. España, justa campeona, entendió el peso del momento. En un gesto de absoluto señorío y respeto por la historia, el plantel ibérico detuvo su propio júbilo para formar un pasillo de honor.

Era el reconocimiento al rival caído, el aplauso al subcampeón y el tributo silencioso a la despedida de una leyenda como Lionel Messi. La Roja entregó grandeza; la Albiceleste devolvió desdén.

España le hace el pasillo a Argentina / Foto: NTI Radio

Los argentinos no solo no hicieron el pasillo a los españoles, también le dieron la espalda a la premiación

Que el equipo argentino decidiera dar la espalda de manera corporativa a la premiación del campeón no es un acto de «amor a su hinchada», como intentan maquillar algunos justificadores del desaire.

Fue un desplante deliberado, un capricho inmaduro y una falta de respeto intolerable al protocolo internacional y al rival que los batió en buena ley.

Al marginarse a un costado del campo para ignorar el festejo ajeno, Argentina no se castigó por la derrota; se rebajó ante los ojos del mundo.

Argentina le da la espalda a la premiación / Foto: NTI Radio

Ya en el pasado se les había criticado por ser malos ganadores, recurriendo a la burla y al desprecio cuando el marcador les favorecía; hoy, el guion se completa al confirmarse como pésimos perdedores.

Pero el bochorno de la premiación fue solo el epílogo de una jornada que ya venía manchada por la impotencia violenta.

Cuando el fútbol se les escapó de las botas, los futbolistas argentinos apelaron a la fricción sistemática y al juego brusco.

La tarjeta roja a Enzo Fernández fue el síntoma de una frustración desmedida que terminó por desbordarse tras el silbatazo final en el tiempo extra.

Leandro Paredes debería ser suspendido por 10 juegos

Lo de Leandro Paredes cruzó cualquier frontera permitida en el deporte profesional. Su agresión física a puñetazo limpio contra los jugadores españoles —particularmente el bochornoso cruce con Eric García— no fue un desahogo de las revoluciones propias del juego; fue un acto de agresión pura que deshonra la camiseta que defiende.

Que el propio cuerpo técnico haya tenido que ingresar al terreno a contener a sus propios futbolistas evidencia una preocupante pérdida de control y una preocupante ausencia de valores deportivos en el vestuario.

Lo de Leandro Paredes no tiene nombre / Foto: Cortesía

La historia recordará a España levantando la Copa del Mundo con fútbol, clase y categoría. Para Argentina, queda la amarga lección de que las medallas de plata pesan menos cuando se arrastran con soberbia.

Se puede perder un partido de fútbol en la prórroga, pero anoche, la Albiceleste perdió algo mucho más difícil de recuperar: el respeto del planeta fútbol.