La hipocresía de la FIFA
Caracas._ Qué conmovedor es vivir en una época donde las organizaciones benéficas ya no se dedican a repartir comida o construir escuelas, sino a vender participaciones del Mundial por 4.200 millones de dólares.
La FIFA, esa humilde asociación sin fines de lucro protegida bajo la benevolente sombra del Artículo 60 del Código Civil suizo, nos ha vuelto a dar una lección magistral de altruismo.
CONCACAF se une a la UEFA en contra de Infantino
Infantino preocupado por los niños del mundo ofrece cheques de 86 millones de dolares
Resulta que a Gianni Infantino, abrumado por las ansias de «desarrollar el fútbol en el mundo», se le ocurrió una idea sumamente caritativa: crear FIFA Forward Enterprise, una filial para venderle un pedazo de la Copa del Mundo a inversores de capital privado y a los círculos financieros ligados a la familia de Jared Kushner.
Y para convencer a la tropa, Infantino salió a prometer cheques de hasta 86 millones de dólares para cada federación. Porque nada grita «desarrollo deportivo» como repartir fajos de billetes para comprar voluntades.

UEFA y CONCACAF
Por un lado, la UEFA y la Concacaf pegan el grito en el cielo con su ya famoso «¡La Copa Mundial no está en venta!».
Es una escena fascinante: los reyes del negocio corporativo rasgándose las vestiduras ante la privatización, no vaya a ser que el negocio ajeno interfiera con el propio.
¿Y la Conmebol?
Pero el verdadero espectáculo de este circo está en las tribunas del silencio. ¿Dónde están la CAF de África, la AFC de Asia o la OFC de Oceanía? Calladitas, esperando a ver si la lluvia de millones promete llegar a sus arcas.
Y, por supuesto, no podíamos olvidar a la CONMEBOL de Alejandro Domínguez. Mientras en Europa protestan por la ética comercial, en Luque se aplica la diplomacia del mutismo absoluto.
Para Domínguez y la cúpula sudamericana, con la sombra del FIFAGate siempre revoloteando en la memoria colectiva y la billetera lista para recibir los cheques de «desarrollo» de Infantino, cuestionar de dónde viene el dinero sería una descortesía imperdonable.
¿Para qué pelear por principios cuando puedes sonreír, asentir y esperar a que la transferencia bancaria se haga efectiva?
La matemática de la doble moral es perfecta: si ganas miles de millones pero te lo gastas en viáticos, sueldos astronómicos y repartos políticos a dirigentes dóciles, técnicamente no hay ganancias que tributar. ¡Magia financiera en nombre del deporte rey!
Mientras los magnates se pelean por la caja registradora y otros guardan un silencio muy bien remunerado, al aficionado de a pie le queda el consuelo de saber que cada entrada que pague irán a parar a una causa verdaderamente noble: mantener viva la hermosa ficción de que la FIFA es una ONG y de que el fútbol no está en venta.

