Editorial: Albert Pujols no merece el Salón de la FamaAlbert Pujols es el ser mas malagradecido que hay en el béisbol / Foto: NTI Radio

Albert Pujols habla mal de los periodistas, y ahora de la liga

Santo Domingo._ El verdadero carácter de una figura deportiva no se mide únicamente por sus estadísticas sobre el terreno de juego, sino también por la clase y el respeto que demuestra fuera de él.

Las recientes y lamentables declaraciones de Albert Pujols en contra de la prensa dominicana y de la Lidom, han terminado de descorrer el velo de un comportamiento prepotente y alejado del profesionalismo, dejando al descubierto una constante actitud de soberbia que ensombrece de forma definitiva cualquier logro acumulado con el madero en la mano.

Para colmo de males, en sus más recientes e insólitas declaraciones, Pujols terminó de quemar las naves al sentenciar de forma tajante que jamás volverá a dirigir en la pelota invernal dominicana.

Escudándose en una supuesta «falta de respeto» de personas internas del equipo que actuaban como si fuesen los verdaderos dueños, el antiguo astro prefirió asumir una postura de víctima en lugar de hacer una autocrítica franca.

Con esta rotunda negativa a retornar al dugout de la LIDOM, no solo le da la espalda al béisbol que lo vio nacer, sino que reconfirma esa intransigencia y soberbia que caracterizaron su efímero paso por el banquillo, dejando claro que su ego está muy por encima de la fanaticada y del deporte nacional.

Águilas Cibaeñas se refuerzan con bates zurdos

Desde su desembarco en el banquillo de los Leones del Escogido, Pujols exhibió un trato despectivo y sumamente tenso hacia los profesionales de la comunicación local.

El Escogido le dio todas las oportunidades

En un acto de lamentable servilismo, la propia organización escarlata consintió estas pretensiones instalando un exagerado cerco de seguridad diseñado para blindar al estratega y mantenerlo completamente inalcanzable para la prensa.

Bastaba un leve e inofensivo cuestionamiento sobre alguna jugada en el terreno para que el mánager reaccionara agriamente, enviando a los reporteros a dirigir el partido si tan sabios se consideraban.

Albert Pujols ahora con un puesto gerencial en Las Estrellas Orientales / Foto: NTI Radio

Aquel trofeo obtenido con el conjunto capitalino no fue consecuencia de su genialidad en la cueva, sino del impecable e impresionante trabuco de plantilla que la gerencia estructuró, con la cual cualquier dirigente habría salido campeón.

Sus evidentes deficiencias tácticas pasaron desapercibidas por el talento de sus jugadores, ese mismo talento que jamás tuvo al mando en Grandes Ligas, donde las franquicias prefirieron no otorgarle la oportunidad de dirigir.

Tampoco se olvida el bochornoso episodio en el Clásico Mundial de Béisbol, cuando estuvo al borde de abandonar a la escuadra patria simplemente porque requería atender compromisos de entrevistas personales en los Estados Unidos.

La duda del dopaje

Por si fuera poco, tampoco se puede pasar por alto la eterna sombra de la duda que rodea a las figuras de su época.

Aunque de manera oficial nunca dio positivo a una prueba de dopaje —al igual que ocurrió durante años con astros de la talla de Barry Bonds o Sammy Sosa antes de ser cuestionados—, en la era de los esteroides nada es categórico.

¿Quién puede garantizar a ciencia cierta que Pujols estuvo libre de sustancias prohibidas a lo largo de su carrera?

Cuando la soberbia y el irrespeto hacia la prensa se convierten en la carta de presentación de un jugador, es inevitable que el escrutinio sobre sus astronómicos números sea aún más severo, dejando abierta la legítima sospecha sobre si su rendimiento fue producto exclusivo del talento o del mismo atajo que tomaron muchos otros inmortales hoy manchados.

Hoy, mientras aspira al inmortal templo de Cooperstown, arremete sin escrúpulos ni filtro contra el mismo gremio periodístico que tiene en sus manos el destino de la votación.

Resulta un despropósito absoluto esperar que la crónica especializada premie a un individuo que los ha denigrado de manera pública y despiadada.

La prensa profesional y con dignidad no tiene por qué aceptar disculpas tardías o forzadas por la conveniencia del momento.

En la historia del Salón de la Fama, el comportamiento personal y la ética han sido determinantes para dejar fuera a atletas de época; por su inaceptable conducta con los medios y la fanaticada, Pujols sencillamente no merece un nicho en el templo sagrado del béisbol.