Santo Domingo, RD._ En estos tiempos modernos, pareciera que el mundo gira alrededor de un solo eje: el dinero.
No importa dónde mires ni qué tema se toque; todo, absolutamente todo, termina reducido a una cifra, un costo, una transferencia o un saldo disponible.
La sociedad ha caído en una obsesión tan profunda por lo económico que hasta lo más humano se ha convertido en mercancía.
El trabajo, por ejemplo, hace rato dejó de ser vocación o contribución.

Ahora es pura sobrevivencia. Se contrata por el costo, no por el talento. Se despide por la nómina, no por la ética.
El salario es un consuelo temporal para una vida que se consume entre horas extras y cuentas por pagar. Ya nadie trabaja por pasión: se trabaja por necesidad.
Y si hablamos del amor, la distorsión es aún más dramática. Las relaciones ya no se miden por valores, sino por beneficios.
Los matrimonios se planifican como inversiones; los divorcios, como liquidaciones.

Las parejas se mantienen unidas no por afecto, sino por compromisos financieros, por cuotas que no se pueden pagar solos, por estilos de vida que uno teme perder.
El amor romántico ha sido reemplazado por el amor práctico, ese que depende de la tarjeta, del carro, del apartamento o del ingreso estable.
Hasta la felicidad parece alquilada. Las redes sociales nos enseñan diariamente que “ser” ya no es suficiente: ahora hay que “tener”.
Se celebra más una compra que un logro. Se aplaude más un lujo que un valor. Se admira más una apariencia que un sacrificio.
El dinero jamás debió convertirse en el núcleo de la vida, pero lo dejamos avanzar, infiltrarse, dominar. Y hoy pagamos el precio: vivimos en una sociedad donde todo cuesta, pero casi nada tiene verdadero valor.
About The Author
Descubre más desde NTI Radio Latinoamérica
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
