Johan Santana y Félix Hernández: / Foto: Cortes+ia
Cooperstown._ El debate sobre quién merece un lugar en el Salón de la Fama de Cooperstown no debería estar guiado por la popularidad, el mercado o la simpatía mediática, sino por el impacto real en el terreno.
El caso de Johan Santana frente a Félix Hernández expone con claridad una contradicción preocupante en los criterios de los votantes.
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A simple vista, Félix Hernández parece tener ventaja por longevidad. Lanzó más innings, acumuló más victorias y se mantuvo más tiempo activo en Grandes Ligas.
Sin embargo, el Salón de la Fama no debería premiar la duración, sino la grandeza, y ahí Johan Santana presenta argumentos contundentes.
Santana acumuló un WAR de 51.7, superior al 49.8 de Hernández, pese a lanzar más de 700 innings menos.
Esa diferencia es clave: el de Tovar fue más dominante en menos tiempo. Su ERA de 3.20 y un ERA+ de 136 superan claramente a los números de Félix (3.42 y 117), lo que demuestra que Santana fue consistentemente mejor que el promedio de su época.
En términos de control y eficiencia, Santana también sobresale. Permitió menos boletos, tuvo mejor porcentaje de bases por bolas y un mayor porcentaje de ponches, evidenciando un dominio más limpio y sostenido desde el montículo.

Los premios individuales refuerzan esa superioridad. Johan Santana ganó dos premios Cy Young, algo que define carreras históricas.
Félix Hernández ganó uno. Santana también obtuvo tres títulos de efectividad, un logro reservado para lanzadores verdaderamente élite, además de una Triple Corona de pitcheo, una de las hazañas más exclusivas en la historia del béisbol moderno.
El argumento en contra de Santana suele ser su retiro temprano. Sin embargo, eso no debería penalizar la excelencia. Sandy Koufax también tuvo una carrera corta y jamás fue cuestionado.
La pregunta correcta no es cuánto duró Santana, sino qué tan dominante fue, y los números confirman que estuvo entre los mejores de su generación.
Félix Hernández fue un gran lanzador, un ícono en Seattle y un competidor admirable. Nadie discute sus méritos.
Pero al comparar carreras de manera objetiva, Johan Santana fue más dominante, más eficiente y más determinante en su pico.
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Cuando los cronistas parecen inclinarse más por la narrativa que por los datos, surge la duda legítima sobre si el proceso responde a criterios claros o a un sistema de lobby y popularidad. Johan Santana no pide favoritismo, pide justicia histórica.
Si el Salón de la Fama es para los verdaderamente grandes, los números dicen que Johan Santana no solo merece estar, sino que merece estar por encima de Félix Hernández.
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