Caracas._La temporada 2025-2026 del béisbol profesional venezolano atraviesa su momento más crítico.
Lo que debía ser una celebración deportiva se ha transformado en un escenario de incertidumbre, donde la seguridad de jugadores, técnicos, trabajadores y aficionados ya no puede garantizarse de manera responsable.
En este contexto, insistir en la continuidad del Round Robin no solo resulta imprudente, sino también riesgoso.
Los eventos recientes han evidenciado un deterioro sostenido de las condiciones mínimas necesarias para la práctica del deporte profesional.
La movilidad entre ciudades, la protección de los estadios, la estabilidad logística y la integridad física de los protagonistas del espectáculo se han visto comprometidas.
El béisbol, como cualquier actividad pública de alto perfil, requiere entornos seguros y previsibles; hoy, lamentablemente, ese requisito no se cumple.
La historia del béisbol venezolano ha demostrado que las decisiones más difíciles suelen ser también las más responsables.
Cancelar definitivamente la temporada no debe interpretarse como una derrota del deporte, sino como una medida de protección humana y ética.
Los peloteros —muchos de ellos con compromisos contractuales internacionales— no pueden ser expuestos a escenarios que pongan en riesgo su bienestar ni su futuro profesional.
Asimismo, continuar el torneo bajo presión y con improvisaciones constantes erosiona la credibilidad de la liga y afecta la confianza de patrocinantes, transmisores y fanáticos.
El espectáculo pierde su esencia cuando la atención se centra más en los riesgos externos que en el rendimiento deportivo dentro del terreno.
Enviar a los jugadores a sus hogares, resguardar al personal técnico y administrativo, y priorizar la seguridad colectiva es, en este momento, la decisión más sensata.
El béisbol venezolano necesita una pausa para reorganizarse, evaluar condiciones y reconstruir garantías reales que permitan un regreso digno y seguro.
El deporte siempre encuentra la forma de volver.
Pero la vida, la integridad y la seguridad no admiten segundas oportunidades.
Cancelar la temporada 2025-2026 es un acto de responsabilidad que, aunque doloroso, puede preservar el futuro del béisbol profesional en Venezuela.
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