New York._ El estelar campo corto puertorriqueño Francisco Lindor firmó una jornada memorable a la ofensiva al sacudir dos bambinazos para liderar la contundente victoria de los Mets de Nueva York 12-2 sobre los Yankees de Nueva York en el emblemático Yankee Stadium.

El torpedero boricua comenzó la fiesta ofensiva en la misma primera entrada conectando un cuadrangular solitario ante los envíos de Gerrit Cole para abrir el marcador, logrando así su batazo de cuatro esquinas número 19 de la presente temporada.

Y llegó el número 20 que fue un Grand Slam

Posteriormente, en la parte alta del octavo episodio, Lindor volvió a castigar al pitcheo rival al conectar un monumental Grand Slam entre el jardín derecho y central frente al relevista Bradley Hanner con tres compañeros instalados en las almohadillas.

Con este descomunal batazo de cuatro carreras, la estrella del conjunto metropolitano no solo selló un rally decisivo, sino que además alcanzó la cifra redonda de 20 estacazos en la presente campaña de las Grandes Ligas.

Defensivamente estuvo impecable

La actuación estelar del boricua no se limitó al madero, ya que en el tercer capítulo desplegó una brillante jugada defensiva de revés desde lo profundo para retirar al novato George Lombard Jr. en la primera base.

En su cuarto turno al bate durante la cuarta manga, el diestro Gerrit Cole dominó a Francisco Lindor con un ponche tras una certera secuencia de lanzamientos.

Para el sexto episodio, Lindor conectó un elevado con destino al jardín derecho que fue capturado sin mayores contratiempos por el patrullero Heliot Ramos para registrar el out.

Finalmente, en el noveno capítulo, el campocorto volvió a la caja de bateo pero terminó su participación ofensiva de la jornada al recibir un pelotazo por parte del relevista rival.

Al concluir el compromiso en el Bronx, la línea estadística final de Francisco Lindor quedó registrada en la hoja oficial de 5-2 con dos carreras anotadas y cinco remolcadas.

Le falta uno para los 300

Gracias a este desempeño, el torpedero boricua arribó a 299 cuadrangulares de por vida, colocándose a tan solo un batazo de cuatro esquinas de ingresar al selecto club de los 300 vuelacercas.